Extraño
Es extraño....
A veces simplemente es tan extraño....
Durante mucho tiempo le tuve miedo a la oscuridad; en la época en que era niño, era normal que hubieran apagones, los había muy seguido. Muchas tardes y noches nos quedábamos a oscuras y en casa encendíamos velas y lámparas a querosene para poder alumbrar la casa o parte de ella.
En aquellos tiempos estar a oscuras era algo tan continuo y generaba tal temor que se hizo costumbre.
Pero aún con luz, el temor a la oscuridad siempre estuvo presente en mi.
No había forma que me deslizara de la sala a mi cuarto sin prender todas la luces que hubieran en el camino, una a una las prendía, visualizando a donde tenía que llegar, pensando que había alguien o algo esperando entre las sombras.
Muchas noches me quedaba dormido con la luz encendida de aquel pasadizo afuera de mi cuarto.
Incluso aun con luz, me costaba dormir y si aquella noche para mi mala suerte tenía una pesadilla, era algo normal que saliera corriendo de mi cama, atravesando cualquier oscuridad para escurrirme en la cama de mi abuela, temblando de miedo.
Mentiría si dijera el momento exacto que aquel miedo se fue, y regresó vestido de placer. Sí, placer.
Cuando estuve en la universidad y vivía solo, se sentía tan bien quedarme en silencio en mi cuarto durante las noches, sabiendo que tenía el poder de mi vida (hasta cierto punto).
La primera vez que salí a una discoteca con un grupo de amigos, la oscuridad era la cómplice de todas las aventuras, rodeada de luces de colores por momentos y de música sin sentido. Pero una oscuridad divertida al fin y al cabo.
Incluso con el tiempo al estar en mi cama, acompañado y a oscuras siempre le generó a mi mente un mayor interés. Era olvidarme por completo de mí y de la persona con quien estaba, y empezar a sentir, a oír, a tocar sin saber donde o sin saber como.
La oscuridad se volvió parte de mi cura, cuando los ataques de migraña se volvieron más fuertes. Era encerrarme, apagar las luces y sentir como si no existiera nada ni nadie. Era morir por unos segundos pero seguir vivo para esperar nacer.
Es extraño, como aquello que alguna vez fue mi peor miedo se convirtió en una amiga más.
Es extraño como sucumbimos ante nosotros mismos, sin importarnos más allá de lo que vemos.
A veces es tan extraño quedarse en silencio sin esperar nada, y aun así ser felices.
A veces simplemente es tan extraño....
Durante mucho tiempo le tuve miedo a la oscuridad; en la época en que era niño, era normal que hubieran apagones, los había muy seguido. Muchas tardes y noches nos quedábamos a oscuras y en casa encendíamos velas y lámparas a querosene para poder alumbrar la casa o parte de ella.
En aquellos tiempos estar a oscuras era algo tan continuo y generaba tal temor que se hizo costumbre.
Pero aún con luz, el temor a la oscuridad siempre estuvo presente en mi.
No había forma que me deslizara de la sala a mi cuarto sin prender todas la luces que hubieran en el camino, una a una las prendía, visualizando a donde tenía que llegar, pensando que había alguien o algo esperando entre las sombras.
Muchas noches me quedaba dormido con la luz encendida de aquel pasadizo afuera de mi cuarto.
Incluso aun con luz, me costaba dormir y si aquella noche para mi mala suerte tenía una pesadilla, era algo normal que saliera corriendo de mi cama, atravesando cualquier oscuridad para escurrirme en la cama de mi abuela, temblando de miedo.
Mentiría si dijera el momento exacto que aquel miedo se fue, y regresó vestido de placer. Sí, placer.
Cuando estuve en la universidad y vivía solo, se sentía tan bien quedarme en silencio en mi cuarto durante las noches, sabiendo que tenía el poder de mi vida (hasta cierto punto).
La primera vez que salí a una discoteca con un grupo de amigos, la oscuridad era la cómplice de todas las aventuras, rodeada de luces de colores por momentos y de música sin sentido. Pero una oscuridad divertida al fin y al cabo.
Incluso con el tiempo al estar en mi cama, acompañado y a oscuras siempre le generó a mi mente un mayor interés. Era olvidarme por completo de mí y de la persona con quien estaba, y empezar a sentir, a oír, a tocar sin saber donde o sin saber como.
La oscuridad se volvió parte de mi cura, cuando los ataques de migraña se volvieron más fuertes. Era encerrarme, apagar las luces y sentir como si no existiera nada ni nadie. Era morir por unos segundos pero seguir vivo para esperar nacer.
Es extraño, como aquello que alguna vez fue mi peor miedo se convirtió en una amiga más.
Es extraño como sucumbimos ante nosotros mismos, sin importarnos más allá de lo que vemos.
A veces es tan extraño quedarse en silencio sin esperar nada, y aun así ser felices.
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